En las letras cabe un universo entero

“¿Un beso? Un truco encantado para dejar de hablar cuando las palabras se tornan superfluas” Ingrid Bergman

lunes, 9 de marzo de 2015

El amor inagotable sí existe


Un recor

La fórmula del amor inagotable existe. Un buen ejemplo pueden ser los hijos, a quienes se llega a querer sin importar nada de lo que hagan. 

En el amor de pareja hay estudios científicos que han querido ponerle fecha de caducidad, no se han puesto de acuerdo con los resultados.   Es un tema en extremo complejo, porque involucra un factor humano que es imposible de medir. Luego considero inútil ponerle una etiqueta de vencimiento, si ese amor se cuida, y no solamente en fechas especiales o cuando está a punto de naufragar.

Así como el capitán de Titanic, que vió el Icebeg demasiado tarde, estoy seguro que en el corazón hay que estar siempre alertas y atentos a los cambios y señales.  

Creo que cada persona tiene dentro de su ADN la fuente del amor inagotable, si es administrada con sabiduría y reciprocidad, puede durar toda una vida.

Finalmente, así como la belleza está en  los ojos de quien mira, el amor inagotable vive en el cuerpo de quien ama y es amado.

Ahora, un poema que leí por ahí:


Anabel Albert

  No quiero volver a arrepentirme de lo que no hice,
de lo que no me atreví a probar,
de lo que no aprendí,
de lo que no intenté.

No quiero,
volver a preguntarme quién hubiera sido,
si no hubiera estado siendo quien era
mientras soñaba con ser otra.

No quiero morirme de hastío cada jornada para poder volar en mis ratos libres. No quiero ser la empleada del mes, ni la esposa del mes, ni la madre del mes. No quiero ser proactiva. Ni competente. Ni productiva.
No quiero olvidar que la vida es fruto del azar, un capricho del cosmos, un fuego de artificio. El destello fugaz precedente a la oscuridad perpetua de la muerte.
No quiero posponerme más.

El truco de Gabo para escribir

El inmortal Gabriel García Márquez nos cuenta parte de la ingeniería aplicada a escribir novelas, un secreto que sirve para cualquiera que desee ser escritor de éxito algún día.  

Tal vez una de mis frustraciones es convertir las letras en algo realmente bello. No soy tan bueno con las palabras pero quiero intentarlo contigo. 

Aquí está el consejo de Gabo: 



"Después de ciento dieciocho mil doscientos cincuenta días he vuelto a leer de sobremesa, con motivo o de los cien años de la muerte de Silva, y no creo que deba esperar otros cincuenta para tratar de responderme lo que pienso. Mi temor esta vez -al contrario de la primera- era no ser ya tan inocente como para ser justo. He repetido mucho que los novelistas no leemos sólo por placer sino por al curiosidad malsana de saber cómo están escritas las novelas de los otros. Aun si uno no se lo propone, cada paso cedemos a la tentación de voltear la página al revés para ver cómo está escrita, y desatornillar diálogos, situaciones, caracteres, hasta desentrañar su mecánica secreta. No hay otro método para aprender a escribir novelas, pero lo malo es que uno termina por no saber leer de otro modo."

sábado, 7 de marzo de 2015

Una anécdota curiosa

Fotograma de la película "Insignificance" 



Según los registros, se cuenta que en cierta reunión se encontraron la mujer más deseada del momento, Marilyn Monroe, y el genio más destacado del siglo, Albert Einstein. Según la leyenda, Marilyn  quiere dar un gran paso  al intentar hacer una conversación interesante y suelta: “Que dice profesor, deberíamos casarnos y tener un hijo juntos. ¿Se imagina un bebe con mi belleza y su inteligencia?”. Se dice que Einstein, sin alterar su amable semblante respondió: “Desafortunadamente temo que el experimento salga a la inversa y terminemos con un hijo con mi belleza y su inteligencia”.
 
¿Es cierta esta historia?
 
Hay quien dice que en realidad los protagonistas fueron George Bernard Shaw y la actriz Isadora Duncan. Así parece, pues se afirma que la artista alguna vez le propuso por escrito a su amigo George Bernard Shaw, tener un hijo, quien sabe si en serio o en broma. “Piénsalo: con mi belleza y tu cerebro, ¡que maravilla de niño sería! Shaw no tardó en responderle: “Sí, ¡pero qué desastre si fuera al revés!.
 

viernes, 6 de marzo de 2015

Una canciòn coqueta


CANCION EN EL COLECTIVO

 La musica  suena en el colectivo, nunca las escucho normalmente,
ahora todas me dicen algo, una gran  conspiración inocente,
es raro y no entiendo por qué hablan  de tí solamente, 
No sé qué haré, estas en todas partes últimamente.

De repente, una canción sencilla grita,
y me atrapa pensativo, por lo simple de la letra,
Más aspiro a que un día, que ansioso espero no esté lejano,
Me la dediques mientras la cantas, con mi corazón en tu mano


 

miércoles, 4 de marzo de 2015

El libro es un refugio

Humberto Eco, escritor, filósofo y semiólogo Italiano (1932) publicó la que es seguramente su novela más famosa: "El Nombre de la Rosa" (1980).  Trata de los misteriosos homicidios ocurridos en una abadia de la edad media, y de la audaz investigación que realiza un muy suspicaz monje, fray Guillermo de Basquerville, junto a su joven ayudante el novicio Adso de Melk.

Una novela muy rica y veraz en descripciones de la vida de un monasterio, aunque no es historica sino ficción.  Tiene muchos elementos que la convirtieron en un éxito editorial, al punto que se hizo una película en 1986 con el muy señorial Sean Connery en el papel principal.

Hay un pasaje que relata el breve romance entre el novicio Adso y una joven, escrito al estilo de las obras sagradas como el Cantar de los Cantares, o como lo hubiera hecho el genial Miguel de Cervantes y no resisto transcribirlo en este espacio.
“De pronto me pareció que la muchacha era como la virgen negra pero bella de que habla el Cantar. Llevaba un vestidito liso de tela ordinaria, que se abría de manera bastante impúdica en el pecho, y en el cuello tenía un collar de piedrecillas de colores, creo que de ínfimo valor.
Pero la cabeza se erguía altiva sobre un cuello blanco como una torre de marfil, los ojos eran claros como las piscinas de Hesebón, la nariz era una torre del Líbano, la cabellera, como púrpura. Sí, su cabellera me pareció como un rebaño de cabras, y sus dientes como rebaños de ovejas que suben del lavadero, de a pares, sin que ninguna adelante a su compañera. Y empecé a musitar, “¡Qué hermosa eres, amada mía! ¡Qué hermosa eres! Tu cabellera es como un rebaño de cabras que baja de los montes de Galaad, como cinta de púrpura son tus labios, tu mejilla es como raja de granada, tu cuello es como la torre de David, que mil escudos adornan.” Y consternado me preguntaba quién sería la que se alzaba ante mí como la aurora, bella como la luna, resplandeciente como el sol, terribilis ut castrorum acies ordinata.
Entonces la criatura se acercó aún más, arrojó a un rincón el oscuro envoltorio que había estado apretando contra el pecho, y volvió a alzar la mano para acariciar mi rostro, y volvió a decir las palabras que ya había dicho. Y mientras yo no sabía si escapar de ella o acercármele aún más, mientras mi cabeza latía como si las trompetas de Josué estuviesen a punto de derribar los muros de Jericó, y al mismo tiempo la)
deseaba y tenía miedo de tocarla, ella sonrió de gozo, lanzó un débil gemido de cabra enternecida, y soltó los lazos que cerraban su vestido a la altura del pecho; y se quitó el vestido del cuerpo como una túnica, y quedó ante mí como debió de haber estado Eva ante Adán en el jardín del Edén. “Pulchra sunt uvera quae paululum superminent et tument modice”, musité repitiendo la frase que había dicho Ubertino, porque sus senos me parecieron como dos cervatillos, dos gacelas gemelas pastando entre los lirios, su ombligo una copa redonda siempre colmada de vino embriagador, su vientre una gavilla de trigo en medio de flores silvestres.
“O sidus clarum puellarum”, le grité, “o porta clausa. fons hortorum, cella custos unguentorum, cella custos unguentorum, cella pigmentaria!” y sin quererlo me encontré contra su cuerpo, sintiendo su calor, y el perfume acre de unos unguentos hasta entonces desconocidos. Recordé, “¡Hijos, nada puede el hombre cuando llega el loco amor!” y comprendí que, ya fuese lo que sentía una celada del enemigo o un don del cielo, nada podía hacer para frenar el impulso que me arrastraba, y grité, “O, langueo” y, “Causam languoris video nec caveo!” Porque además un olor de rosas emanaba de sus labios y eran bellos sus pies en las sandalias, y las piernas eran como columnas y como columnas también sus torneados flancos, dignos del más hábil escultor “¡Oh, amor, hija de las delicias! Un rey ha quedado preso en tu trenza” musitaba para mí, y caí en sus brazos, y juntos nos desplomamos sobre el suelo de la cocina y no sé si fue mi iniciativa o fueron las artes de ella, pero me encontré libre de mi sayo de novicio y no tuvimos vergüenza de nuestros cuerpos et cuncta erant bona.
Y me besó con los besos de su boca, y sus amores fueron más deliciosos que el vino, y delicias para el olfato eran sus perfumes y era hermoso su cuello entre las perlas y sus mejillas entre los pendientes, qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres, tus ojos son palomas (decía) muestrame tu cara, deja que escuche tu voz, porque tu voz es armoniosa y tu cara encantadora, me has enloquecido de amor, hermana mía, ha bastado una mirada, uno solo de tus collares, para enloquecerme, panal que rezuma son tus labios, tu lengua guarda tesoros de miel y de leche, tu aliento sabe a manzanas, tus pechos a racimos de uva, tu paladar escancia un vino exquisito que se derrama entre los dientes y los labios embriagando en un instante mi corazón enamorado. Fuente en su jardín, nardo y azafrán, canela y cinamorno, mirra y aloe, comía mi panal y mi miel, bebía mi vino y mi leche, ¿quién era? ¿Quién podía ser aquella que surgía como la aurora, hermosa como la luna, resplandeciente como el sol, terrible como un escuadrón con sus banderas?
¡Oh, Señor!, cuando el alma cae en éxtasis, la única virtud reside en amar lo que se ve (¿verdad?), la máxima felicidad reside en tener lo que se tiene, porque allí la vida bienaventurada se bebe en su misma fuente (¿acaso no está dicho?), porque allí se saborea la vida verdadera que después de ésta mortal, nos tocara vivir junto a los ángeles en la eternidad. Esos eran mis pensamientos, y me parecía que por fin se estaban cumpliendo las profecías, mientras la muchacha me colmaba de goces indescriptibles, y era como si todo mi cuerpo fuese un ojo por delante y por detrás, y pudiese ver al mismo tiempo todo lo que había alrededor. Y comprendí. Que de allí, del amor, surgen al mismo tiempo la unidad y la suavidad y el bien y el beso y el abrazo, como ya había oído decir creyendo que me hablaban de algo distinto. Y sólo en un momento, mientras mi goce estaba por tocar el cenit, pensé que quizás estaba siendo poseído, y de noche, por el demonio meridiano, obligado por fin a revelar su verdadera naturaleza demoníaca al alma en éxtasis que le pregunta “¿quién eres?” él, que sabe arrebatar el alma y engañar al cuerpo.
Pero en seguida me convencí de que las diabólicas eran mis vacilaciones, porque nada podía ser más justo, más bueno, más santo que lo que entonces estaba sintiendo, con una suavidad que crecía por momentos. Como la ínfima gota de agua, que al mezclarse con el vino desaparece y adquiere el color y el sabor del vino, como el hierro incandescente, que se vuelve casi indiscernible del fuego y pierde su forma primitiva, como el aire inundado por la luz del sol, que se transforma en supremo resplandor y se funde en idéntica claridad, hasta el punto de no parecer iluminado, sino él mismo luz iluminante, así me sentía yo morir en tierna licuefacción, sólo con fuerzas para musitar las palabras del salmo, “Mi pecho es como vino nuevo, sin respiradero, que
rompe odres nuevos”, y de pronto vi una luz enceguecedora y en medio una forma del color del zafiro que ardía con un fuego esplendoroso y muy suave, y esa luz brillante se irradió a través del fuego esplendoroso, y ese fuego esplendoroso a través de la forma rutilante, y esa luz enceguecedora junto con el fuego esplendoroso a través de toda la forma.
Mientras, casi desmayado, caía sobre el cuerpo al que me acababa de unir, comprendí, en un último destello de lucidez, que la llama consiste en una claridad esplendente, un vigor ingénito y un ardor ígneo, mas la claridad esplendente la tiene para relucir y el ardor ígneo para quemar. Después comprendí qué abismo de abismos esto entrañaba.”

martes, 3 de marzo de 2015

Atrapado en el tiempo


"El día de la Marmota", "Hechizo del Tiempo" en España, o "Atrapado en el tiempo" (Argentina), es una película que cuenta la historia de un presentador de noticias del clima en un canal local.  Se trata de un mal sujeto, egocéntrico, oportunista, inconforme con su vida y la hice miserable para aquellos que tienen que trabajar con él.  

Por razones
 inexplicables, queda atrapado en un pequeño pero encantador pueblecito, obligado a vivir el mismo día una y otra vez, sin importar lo mucho que intente salir del sitio y de la fecha.    

Muchas personas viven así la vida, condenadas por su propia voluntad a repetir de manera monótona y completamente predecible, su conformista existencia.    

Pero esto no tiene que ser así, y un primer paso es aceptar que a veces preferimos morir en la comodidad y el aburrimiento, que lanzarnos a la aventura, crecer y superar nuestros propios límites.   

A veces es necesario encontrar la motivación necesaria. 

Aunque no me he quedado estancado en un pueblecito pintoresco, condenado a repetir los mismos días como un bucle, encontré otra motivación para ser mejor ser humano.   Así es. Una extremadamente poderosa.   

Y tiene que ver con un ángel encantador.

lunes, 2 de marzo de 2015

Un largo viaje en barco

"El Holandés Errante" de Wagner. ¿En qué barco seré tu capitán?


En la tradición oriental, hay una creencia según la cual cuando hay dos personas destinadas a tener un lazo afectivo, es porque hay un "hilo rojo" atado desde el momento mismo de su nacimiento.

Tal hilo nace sin importar el momento de sus vidas en el que vayan a conocerse, pero en cualquier caso es un vínculo irrompible.

Tengo la certeza de que una cultura milenaria como la del lejano oriente, no puede estar tan equivocada o persistir en el error.  

Una serie de eventos aparentemente adversos, para muchos otros hasta infortunados, me trajo justo al lugar y el tiempo en el que teníamos que conocernos.

No reniego de mi destino, al contrario, lo bendigo cada día y ahora mucho más porque te encontré.  

Con seguridad, el hilo rojo ya esta tensado.